viernes, 23 de marzo de 2012

Deudas: cómo se contraen, cómo se liquidan







Deudas: cómo se contraen, cómo se liquidan


LOIS y Rick llevaban casi un año casados. Al igual que muchas parejas jóvenes querían todo al momento, y resultaba fácil. El pago del televisor solo ascendía a 52 dólares (E.U.A.) mensuales, y el vídeo únicamente incrementó el pago a 78 dólares. Los muebles nuevos representaron un poco más de esfuerzo: tenían que pagar 287 dólares mensuales. Por supuesto, esa cantidad no incluía ni las cortinas ni la moqueta, que supusieron 46,50 dólares más. Sin embargo, la financiera no puso ninguna traba.
Con los electrodomésticos no tuvieron mucho problema, pues la tienda aceptó su tarjeta de crédito, de manera que efectuaban los pagos mensuales automáticamente sin tener que solicitar un préstamo. Si Rick hubiese terminado de pagar el automóvil deportivo antes de la boda como había planeado, todo habría sido más fácil, pero no le fue posible.
Rick comentó lo siguiente: “Pensé que el matrimonio sería algo estupendo, pero las deudas que hemos contraído me producen tantas preocupaciones que no me dejan sentirme a gusto”. Lois concordó con él y añadió: “Era tan fácil endeudarse. ¿Podremos saldar alguna vez nuestras deudas?”.
Esta penosa pregunta refleja el problema al que se encaran millones de familias por todo el mundo. Desde luego, son pocas las personas que se las arreglan para vivir sin tener que soportar la carga de deudas, que en algunos casos son incontrolables.

Cómo se contraen las deudas
¿Cómo llega una persona a endeudarse? ¡Muy sencillo! Es una forma de vida. Gobiernos, corporaciones multinacionales, pequeñas empresas, familias y personas individuales, todos han llegado a aceptar la deuda como algo normal.
Con frecuencia el orgullo crea deudas, las deudas crean tensión y la tensión conduce a otras dificultades. De modo que, ¿cómo vivir en un mundo orientado hacia las deudas y al mismo tiempo evitar endeudarse?
Tal vez la primera lección que haya que aprender sea la de simplemente oponer resistencia a las ofertas de crédito. No se puede entrar por la puerta de la mayoría de las instituciones financieras sin verse asaltado por letreros que ofrecen préstamos. Las tarjetas de crédito se pueden conseguir con relativa facilidad. Dentro de la gama que va desde prestamistas usureros hasta respetables instituciones bancarias, se encuentran millones de personas emprendedoras y triunfadoras que se dedican al negocio de vender dinero. Para esas personas el dinero no es más que una mercancía —como los comestibles— y su trabajo consiste en vendérselo a usted. Aprenda a decir que NO.

Cómo controlar las deudas
Existe gran cantidad de fórmulas para establecer una proporción aceptable entre deudas e ingresos. Sin embargo, es tanta la diversidad de circunstancias que muchas de esas fórmulas son poco prácticas. Por ejemplo, algunos economistas creen que una familia puede apartar el 30% de sus ingresos brutos para pagar la vivienda —amortizaciones de hipoteca o pagos de alquiler—. No obstante, es posible que las familias muy pobres no puedan dedicar a la vivienda ese porcentaje de sus ingresos. De este ejemplo se desprende que las fórmulas generales suelen ser demasiado vagas, por lo que es mejor que el problema de controlar las deudas se analice a nivel individual.
Algunas deudas pueden ser admisibles, pero en esos casos se requiere discernimiento y cuidadosa administración. Por ejemplo, la mayoría de las personas no pueden comprar una casa sin contraer deudas. No sería realista pensar que una familia debe vivir de alquiler hasta que hayan ahorrado suficiente dinero para pagar una casa al contado. Probablemente nunca podrían hacerlo. Sin embargo, quizás la familia llegue a la conclusión de que el dinero que están pagando en concepto de alquiler podría canalizarse hacia el pago de la hipoteca de una casa, porque aunque necesitarían muchos años para terminar de pagar la hipoteca, tal vez consideren que en su caso resulta más práctico hacerlo de esta manera.
Si tenemos en cuenta que el valor de la casa probablemente aumentará con el tiempo, se entiende que aunque los pagos de la hipoteca quizás sean más elevados que el alquiler mensual, la familia mejora su situación económica, pues están creando valor líquido de propiedad, es decir, el valor de la casa después de haber deducido la cantidad en que está hipotecada. Por tanto, una hipoteca sobre una casa a un tipo de interés razonable y con pagos asequibles, puede ser una deuda aceptable. Lo mismo puede decirse de otras compras de envergadura pero necesarias para la familia.
Otros tipos de deuda pueden ser totalmente inadmisibles y hay que saber rechazarlas. La mejor pauta para conseguirlo quizás sea la siguiente: No compre lo que no necesite y no pueda pagar. Evite ser un comprador impulsivo. Aunque algo esté a mitad de precio, si usted no puede pagarlo deja de ser una ganga. No pida préstamos para comprar artículos de lujo. No haga viajes de vacaciones que no pueda pagar antes de partir. Tarde o temprano hay que pagar todo lo que uno compre. Las tarjetas de crédito son útiles para evitar llevar dinero en metálico, pero resultan muy caras cuando se utilizan como medio de pedir dinero prestado.

Cómo liquidar las deudas
Algunas personas quizás opinen que los consejos sobre cómo controlar las deudas les han llegado demasiado tarde. “Ya me encuentro bajo una avalancha de facturas y obligaciones. ¿Cómo puedo salir de esta situación?” La verdad es que nunca es demasiado tarde para empezar.
Lo primero sería ponerse en contacto con un banco confiable. Si usted debe pedir un préstamo, un banco probablemente sea el que pueda ofrecerle el mejor tipo de interés. Si su banco no le quiere conceder el préstamo, es muy posible que le esté haciendo un favor. Recuerde, el negocio de los bancos es prestar dinero, y si parece razonable se lo prestarán.
En segundo lugar, debe empezar a pagar sus deudas de manera organizada. Bosqueje por escrito el cash-flow o flujo de caja que usted piensa tener durante los siguientes veinticuatro meses. Sea realista. Incluya hasta el más mínimo ingreso que espera tener y entonces apunte todo lo que tenga que pagar. Aparte cierta cantidad para gastos que en ese momento ni siquiera se le ocurran. Anote las deudas en orden de prioridad y luego distribuya su dinero de manera equilibrada para que siempre pueda pagar al menos parte de cada una de ellas. Establezca fechas concretas para la liquidación de cada deuda.
Además de utilizar este método de pagos, considere dónde podría reducir gastos. La reducción de deudas siempre requiere algo de sacrificio. ¿Es posible reducir la factura de la compra adquiriendo artículos de oferta o sustituir algunos ingredientes por otros más económicos a la hora de planear los menús? ¿Puede recortar sus vacaciones, reducir su nivel de vida o disfrutar con menos frecuencia de algunos artículos de lujo? A veces simplemente tenemos que ser duros con nosotros mismos. Algunos gastos pueden cambiarse de la columna de “artículos de primera necesidad” a la de “lujos”.
Una vez que tenga bosquejado por escrito un método de pagos, considérelo con su apoderado del negociado de préstamos bancarios. Ver que usted está resuelto a pagar sus deudas le causará buena impresión. Quizás pueda mostrarle cómo mejorar su método de pagos y, según el país de que se trate, hasta podría sugerirle un préstamo de consolidación de la deuda. En ese caso, asegúrese del tipo de interés que se le impondrá y de la cantidad de tiempo que le conceden para liquidar la deuda consolidada. Por lo general, con ese tipo de préstamo se efectúan pagos inferiores durante un período de tiempo más largo. No obstante, no caiga en la tentación de utilizar la consolidación de deuda para pedir prestado más dinero.

¡Comuníquese!
Para que cualquier programa de reducción de deudas tenga éxito, hace falta comunicación. Visite o telefonee a cada uno de sus acreedores. Si cree que puede ser de ayuda, enséñeles el método de pago que piensa seguir, pero tanto si hace esto como si no, al menos hable con ellos. Recuerde que los acreedores quieren saber lo que usted está haciendo y manténgalos informados. Lo que un prestamista no puede tolerar es el silencio, pues este se interpreta en seguida como una señal de indiferencia por su parte o hasta de que rehúsa pagar. Muchos acreedores han entablado pleitos para recuperar su dinero solo porque nadie se molestó en explicarles lo que estaba sucediendo.
¿Debería usted considerar la posibilidad de declararse en quiebra? En algunos países todas las personas tienen el derecho de beneficiarse de tales provisiones legales, pero no es algo que deba tomarse a la ligera. El que contrae una deuda, contrae una responsabilidad, y en ella hay implicada una obligación moral. Declarándose en quiebra, usted crea problemas para otros, y además eso queda como una mancha en su registro.
No hay nada malo en seguir el proceder de antaño de pagar los gastos según vayan surgiendo. Lo cierto es que lo mejor es empezar por no contraer deudas, si es posible. Las deudas pueden ser como arenas movedizas que le van absorbiendo. Rick y Lois se dejaron engullir por ellas. Ellos tienen que hacer cambios, pero poco a poco podrán salir a flote.
Si usted estuviese enterrado bajo una avalancha literal, utilizaría hasta el más mínimo grado de movilidad que tuviera para cavar y poder salir. Tal vez sea un proceso lento, ¡pero funciona! Recuerde: sin importar cuánto tiempo se necesite o cuántas dificultades haya que vencer para liquidar las deudas, merece la pena el esfuerzo.

martes, 1 de noviembre de 2011

La hepatitis B, asesina silenciosa






La hepatitis B, asesina silenciosa.

“Tenía 27 años, me acababa de casar, estaba aparentemente saludable y me sentía bien. Además de tener un trabajo que exigía mucho de mí, atendía diversas responsabilidades en una congregación de los testigos de Jehová. No me imaginaba que la hepatitis B había empezado a destruirme el hígado.” (Dukk Yun Hahn)

EL HÍGADO es un filtro que elimina toxinas de la sangre y se encarga al menos de otras 500 funciones vitales. Con razón la inflamación de este órgano, es decir, la hepatitis, suele causar estragos en la salud. Esta enfermedad puede ser el producto del exceso de alcohol o de la exposición a sustancias nocivas. Pero generalmente la provocan ciertos virus. Los científicos han identificado cinco de esos virus y creen que puede haber por lo menos otros tres.

El virus de la hepatitis B (VHB), uno de los cinco identificados, mata por lo menos a 600.000 personas al año, cifra similar a la de las víctimas del paludismo. Más de 2.000 millones de personas —casi un tercio de la población mundial— han sido infectadas por el VHB, aunque la mayoría se ha recuperado en cuestión de meses. Pero en unos 350 millones de casos la enfermedad se ha vuelto crónica. Esto significa que, manifiesten los síntomas o no, los portadores podrían transmitirla en cualquier momento.
Quienes padecen infección hepática crónica pueden evitar graves daños en el hígado si desde el principio reciben atención médica adecuada. Pero la mayoría no sabe que tiene el VHB, pues este solo se detecta mediante un análisis especial de sangre. Incluso los resultados de un análisis habitual de la función hepática pueden salir normales. Por eso se dice que la hepatitis B es una asesina silenciosa que sorprende a sus víctimas. A veces los síntomas se manifiestan décadas después del contagio. Para entonces, es posible que el paciente haya desarrollado cirrosis o cáncer de hígado, enfermedades que se cobran la vida de 1 de cada 4 portadores del VHB.

“¿Cómo me contagié?”

“A los 30 años comencé a experimentar los síntomas —cuenta Dukk Yun—. Tenía diarrea, así que acudí a un doctor convencional, quien se limitó a combatir los malestares. Después consulté a un especialista en medicina oriental, y me dio algo para el estómago y los intestinos. A ninguno de los dos se le ocurrió que pudiera ser hepatitis. Como la diarrea no cesó, volví con el doctor convencional. Me examinó dándome golpecitos en el lado derecho del abdomen, y sentí dolor. Un análisis de sangre confirmó sus sospechas: tenía el VHB. Esto me pareció imposible, pues nunca había recibido una transfusión de sangre ni había llevado una vida inmoral.”

Una vez que Dukk Yun se enteró de que tenía el VHB, su esposa, sus padres y sus hermanos se hicieron pruebas de sangre. Resultó que todos habían desarrollado anticuerpos contra el virus, lo que significa que en algún momento estuvieron expuestos a este. No obstante, su sistema inmunológico lo había eliminado. ¿Sería que alguien de la familia contagió a Dukk Yun? ¿Habrían estado ellos en contacto con el mismo foco de infección? Nadie puede asegurarlo. De hecho, en un 35% de los casos se desconoce la causa. Lo que sí se sabe es que la hepatitis no es hereditaria y casi nunca se contrae por contacto casual ni por compartir alimentos. Más bien, se transmite cuando algún fluido corporal —como sangre, semen, secreciones vaginales o saliva— de una persona infectada entra al torrente sanguíneo de otra a través de una herida o de las membranas mucosas.

Muchos se contagian al recibir transfusiones de sangre contaminada, sobre todo en los países donde las pruebas de detección de hepatitis son escasas o nulas. El VHB es cien veces más contagioso que el VIH, el virus que causa el sida. Hasta una pequeña cantidad de sangre infectada, como la que se encuentre en una navaja de afeitar, puede transmitir la hepatitis B. Cabe señalar que en una gota de sangre seca, el virus puede permanecer vivo por una semana o más.

La importancia de estar bien informados

“Cuando en la empresa donde yo trabajaba se enteraron de que tenía hepatitis B, me aislaron de la mayoría de mis compañeros en una pequeña oficina”, cuenta Dukk Yun. Es común que las personas infectadas reciban esa clase de trato porque muchos no saben cómo se contagia la enfermedad. Y aun quienes sí lo saben pudieran confundir la hepatitis B con la A, la cual es más contagiosa pero menos grave. Además, como el VHB puede transmitirse por contacto sexual, a veces se ve con recelo incluso a los portadores que no llevan una vida inmoral.

El miedo y la ignorancia pueden provocar graves problemas. Por ejemplo, en muchos lugares se aparta injustificadamente a quienes tienen hepatitis, sean niños o adultos. Hay personas que no permiten que sus hijos jueguen con ellos, y algunas escuelas o lugares de empleo los rechazan. Así que, como temen ser discriminados, muchos deciden no hacerse la prueba de detección del VHB u ocultan que lo padecen. En vez de decir la verdad, prefieren arriesgar su salud y la de su familia. De esta manera, la enfermedad puede seguir transmitiéndose por generaciones.

El descanso es fundamental

“El doctor me dijo que tenía que descansar, pero después de dos meses regresé al trabajo —confiesa Dukk Yun—. Las pruebas de sangre y las tomografías computarizadas mostraban que no tenía cirrosis, así que pensé que estaba bien.” Tres años más tarde, la empresa lo transfirió a una ciudad grande, donde vivía más estresado. Con cuentas que pagar y una familia que mantener, le parecía imposible dejar su empleo.
En unos meses, sus niveles de virus en la sangre se dispararon, y comenzó a sentirse agotado. “Tuve que renunciar al trabajo —recuerda—. Ahora lamento haberme excedido tanto. Si desde un principio hubiera tomado las cosas con más calma, tal vez no estaría tan enfermo y no tendría el hígado tan dañado.” Así pues, Dukk Yun aprendió una lección importante. A partir de entonces redujo sus gastos y comenzó a trabajar menos. Además, en su casa lo apoyaron mucho, y su esposa incluso buscó la manera de aportar al presupuesto familiar.

¿Se puede vivir con hepatitis B?

Aunque la salud de Dukk Yun se estabilizó, su hígado cada vez presentaba mayor resistencia al flujo sanguíneo, lo cual acabó provocándole hipertensión. Once años después se le reventó una vena del esófago y comenzó a expulsar sangre por la boca, así que estuvo hospitalizado una semana. Cuatro años más tarde empezó a experimentar confusión mental porque su hígado ya no filtraba el amoníaco y este se acumuló en el cerebro. Pero gracias al tratamiento médico, el problema pudo corregirse en unos cuantos días.

Dukk Yun ahora tiene 54 años. Si su salud empeorara, contaría con pocas opciones. Los tratamientos antivirales no logran erradicar el VHB por completo y pueden causar efectos secundarios graves. Su última alternativa sería un trasplante de hígado, sin embargo, la lista de espera es más larga que la de donantes. “Sé que puedo morir en cualquier momento —comenta—. Pero preocuparme no me hace bien. Todavía estoy vivo, tengo un techo y una familia maravillosa. En cierto sentido diría que esta enfermedad nos ha beneficiado, pues ahora dedico más tiempo a mi familia y al estudio de la Biblia. Esto calma mis temores de sufrir una muerte prematura y me ayuda a esperar con anhelo el día en que ya no habrá más enfermedades.”

La actitud positiva de Dukk Yun contribuye a que su familia lleve una vida feliz. Además, él, su esposa y sus tres hijos son ministros de tiempo completo.

La enfermedad se considera crónica cuando el sistema inmunológico no elimina el virus en un plazo de seis meses.

La sangre infectada debe limpiarse de inmediato con guantes y una solución fresca de una medida de cloro de uso doméstico por diez de agua.


La atención médica en una fase temprana puede evitar daños

Como temen ser discriminados, muchos deciden no hacerse la prueba de detección del VHB u ocultan que lo padecen

TIPOS DE HEPATITIS

  Existen principalmente cinco virus que causan la hepatitis, pero se cree que no son los únicos. A los tres más conocidos se les denomina A, B y C. Los síntomas de todas las formas de hepatitis son parecidos a los de la gripe y no siempre incluyen ictericia (color amarillento de la piel y los ojos). Muchas personas, en especial los niños, no muestran síntomas. En los casos de la hepatitis B y C, el hígado puede presentar daños graves para cuando la enfermedad empieza a manifestarse.

VIRUS DE LA HEPATITIS A (VHA)
  El VHA se encuentra en las heces de una persona infectada. Puede sobrevivir en agua dulce, salada o congelada. ¿Qué puede llevar al contagio?

● Beber agua infectada o ingerir mariscos crudos que provengan de aguas contaminadas con desechos humanos
● Tener estrecho contacto físico con una persona infectada o compartir con esta alimentos, bebidas o cubiertos
● No lavarse bien las manos después de usar el inodoro o de cambiar el pañal de un bebé infectado o antes de manipular alimentos
  La hepatitis A puede ser aguda, pero por lo general no se vuelve crónica. En la gran mayoría de los casos, el cuerpo mismo elimina el virus en unas cuantas semanas o meses. No existe tratamiento específico para la enfermedad aparte del descanso y la buena alimentación. Debe evitarse el alcohol y los fármacos que sobrecargan el hígado —como el paracetamol— hasta que el doctor confirme la recuperación total del órgano. Es probable que una persona que haya tenido el VHA no vuelva a contraerlo; sin embargo, puede contagiarse de otros tipos de hepatitis. Existen varias vacunas contra la enfermedad.

VIRUS DE LA HEPATITIS B (VHB)

  El VHB se encuentra en líquidos corporales —como sangre, semen o secreciones vaginales— de alguien infectado. Una persona que no esté inmunizada puede contraerlo cuando alguno de estos fluidos entra a su organismo. ¿De qué manera?

● Al nacer (si la madre está infectada)
● Al tener contacto con equipo médico y dental e instrumentos para hacer tatuajes o perforaciones corporales que no hayan sido debidamente esterilizados
● Al exponer una herida a algún objeto que contenga incluso una mínima cantidad de sangre contaminada, como agujas hipodérmicas, navajas de afeitar, cepillos de dientes, limas o cortaúñas.
● Al tener contacto sexual

  Las autoridades médicas opinan que la hepatitis B no se transmite al toser, dar la mano, abrazar, besar en la mejilla, amamantar ni al compartir alimentos, bebidas y utensilios para comer. Tampoco se ha comprobado que las picaduras de insectos la propaguen. La mayoría de los adultos se recuperan de la hepatitis B aguda y desde entonces quedan inmunes. Los niños pequeños corren mayor riesgo de desarrollar la infección crónica. Si esta no se trata, puede provocar insuficiencia hepática o la muerte. También hay vacunas para prevenir la hepatitis B.

VIRUS DE LA HEPATITIS C (VHC)

  La vía de transmisión del virus de la hepatitis C es muy parecida a la de la hepatitis B, pero en la mayoría de los casos se transmite al utilizar agujas contaminadas para inyectarse drogas. No existe una vacuna contra el VHC.

En la página www.who.int, la Organización Mundial de la Salud ofrece información adicional en varios idiomas.

SE ROMPE EL CICLO DE TRANSMISIÓN

  Aunque la hepatitis B afecta a gente de todo el mundo, un 78% de los casos crónicos se concentra en Asia y las islas del Pacífico. En gran parte de esta región, 1 de cada 10 personas es portadora. Muchos la contraen por vía materna al nacer o durante la infancia por haber tenido contacto con la sangre de niños infectados. Se ha podido romper el ciclo de transmisión de la hepatitis B suministrando una vacuna muy eficaz a recién nacidos y a quienes son más vulnerables. En los lugares donde se utiliza dicha vacuna, el número de infectados ha disminuido drásticamente.




sábado, 11 de junio de 2011

Síndrome de Down: El desafío de criar un hijo con Down.








Para muchos Padres tener un hijo con Sindrome de Down suele transformarse en “una montaña rusa de emociones, con triunfos que elevan y decepciones que hunden; contrariedades y retos cotidianos, y logros y consecuciones que llenan de emoción” (Count Us In—Growing Up With Down Syndrome [Tomennos en cuenta.Crecer con sındrome de Down]).

¿Que es el síndrome de Down? Llana y sencillamente, es una alteración crónica de origen genético que afecta a 1 de cada 730 bebes en Estados Unidos._ Los niños afectados presentan distintos grados de incapacidad para el aprendizaje y la comunicación verbal, así como anormalidades del aparato locomotor, que van de leves a graves. También maduran mas lentamente en sentido emocional, social e intelectual

El nombre viene de John Langdon Down, medico británico que publico en 1866 la primera descripción exacta de este trastorno. En 1959, el genetista frances Jerome Lejeune descubrió que los bebes con síndrome de Down nacen con un cromosoma de mas en sus células: tienen 47 y no 46. Otros investigadores hallaron después que el cromosoma extra es una copia del 21.

¿Hasta que grado afecta esta anomalía la capacidad de los niños? Jason, quien padece el síndrome, responde en el libro Count Us In—Growing Up With Down Syndrome, del cual es coautor: “Me parece que no es un impedimento. Es una desventaja a la hora de aprender algo porque vas despacio, pero no es para tanto”. Desde luego, cada niño es diferente y posee sus propios talentos. Incluso los hay que son capaces de aprender lo suficiente para convertirse en miembros activos de la sociedad y tener una vida plena. Nada puede hacerse para prevenir esta alteración genética, ni antes ni durante el embarazo.

El síndrome de Down no es culpa de nadie. Más no por eso deja de asestar un duro golpe a los padres. ¿Que pueden hacer estos a favor de sus hijos y de sí mismos?

Cuesta aceptar que un hijo tiene el síndrome de Down, los sentimientos de dolor pueden durar algún tiempo y es posible que vuelvan a surgir de repente. Los individuos con síndrome de Down son en primer lugar personas [...]. La calidad de los cuidados, la educación y la experiencia social que se ofrecen influyen en el desarrollo de las personas con síndrome de Down, al igual que ocurre con todas las personas en general.

Los terapeutas aconsejan a los padres incluirlos en todas las actividades familiares y ayudarlos a desarrollar sus aptitudes a través del juego y programas de intervención temprana. Estos programas —que deben comenzar poco después del nacimiento— incluyen fisioterapia, logopedia (terapia del lenguaje) y mayor atención personal, junto con apoyo emocional para el niño y la familia. 

El progreso seguramente será lento. Los bebes con síndrome de Down no pronuncian sus primeras palabras sino hasta los dos o tres años. En su desesperación por no poder comunicarse, tal vez tengan arrebatos de llanto o mal humor. Pero los padres pueden enseñarles algunas habilidades de comunicación pre verbales valiéndose, por ejemplo, de un método de señas sencillo, acompañado de ayudas visuales. Así, con señas como las de “beber”, “más”, “ya”, “comida” y “cama”, podrán dar a saber sus necesidades básicas. “Nosotros le enseñábamos a Jasmín dos o tres señas por semana —dice Lisa—. Nos centrábamos exclusivamente en la diversión y la repetición.”

Cada año, más niños con síndrome de Down acuden a escuelas ordinarias y participan en actividades sociales con sus hermanos y sus amigos. Si bien su aprendizaje es más difícil, estudiar con niños de su edad ha ayudado a algunos a valerse por sí mismos, relacionarse con los demás y progresar en sentido académico.


Estrategias para mejorar la comunicación

Sugerencias para comunicarse con las personas con síndrome de Down:

Sitúese enfrente para establecer contacto visual directo.

Utilice frases sencillas y cortas.

Acompañe sus palabras con gestos faciales y ademanes.

Deles tiempo para que entiendan y respondan.

Escuche atentamente y pídales que repitan las órdenes que les imparta.

lunes, 11 de octubre de 2010

Pasos para ser mejores Padres

Paso 1

Busque un buen consejero:

¿Por qué dar este paso? 

Puede que la primera vez que los padres sostengan en sus brazos a un hijo recién nacido los embarguen emociones encontradas. “Sentí admiración y una profunda alegría —relata Brett, un padre de Gran Bretaña—; pero también tuve la sensación de que era una responsabilidad muy pesada y que no estaba preparado para ella.” Mónica, una madre de la Argentina, dice: “Me preocupaba saber si podría satisfacer las necesidades de mi hijita y me preguntaba si lograría hacer de ella una mujer de bien”.

¿Se identifica con las alegrías y los temores de estos padres? No cabe duda de que criar un hijo es una de las tareas más difíciles —y al mismo tiempo más gratificantes— que existen. Como puntualizó un padre, “dispones de una sola oportunidad para criar a tu hijo”. En vista de que el bienestar y la felicidad de los hijos dependen en gran medida de lo que hagan los padres, usted quizás sienta la apremiante necesidad de recibir consejos fiables sobre cómo desempeñar mejor su papel.

El problema. 
Cuando se trata de la crianza de los hijos, parece que todo el mundo tiene algo que decir. Antes, los padres primerizos copiaban el ejemplo de sus propios progenitores o se guiaban por sus convicciones religiosas. Ahora, sin embargo, en numerosos países la familia está en declive y la religión ha perdido su influencia en la sociedad; de ahí que muchos recurran a profesionales en la materia. Algunas de las opiniones de estos expertos se basan en buenos principios; otras, en cambio, resultan contradictorias y pronto se quedan anticuadas.

La solución. 
Aconséjese con la Persona más entendida en el tema de la crianza de los hijos: el Creador de la vida humana, Jehová Dios (Hechos 17:26-28). Su Palabra, la Biblia, contiene consejos directos y ejemplos prácticos que pueden ayudarle a ser mejor padre o madre. Él promete: “Ciertamente daré consejo con mi ojo sobre ti” (Salmo 32:8).

¿Qué consejos da Dios a los padres para ayudarlos a criar hijos felices?

“Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento.” (Proverbios: Capítulo 3: Versículo 5)

Para esto es necesario que Ud, disponga de una Biblia en su hogar, para buscar, debe tener en cuenta el Libro que se menciona Ej Probervios, posteriormente aparece el Capitulo, que es el numero más grande, y luego el versiculo que es el numero más pequeñito.

Paso 2

Haga de su casa un oasis de amor

¿Por qué dar este paso? Los niños necesitan amor, pues sin él languidecen. El antropólogo M. F. Ashley Montagu escribió en los años cincuenta: “Lo que el organismo humano más necesita para su desarrollo es nutrirse de afecto; la fuente de toda salud está en la experiencia afectiva, especialmente durante los seis primeros años de la vida”. Los investigadores modernos coinciden con la conclusión de Montagu de que los niños “sufren graves mutilaciones [emocionales] cuando se les da una dieta de afecto inadecuada”.

El problema. 
 
La vida en este mundo desamorado y egoísta provoca muchas tensiones en el seno familiar (2 Timoteo 3:1-5). Las presiones económicas y emocionales que conlleva la crianza de los hijos agravan los problemas en el matrimonio. Por ejemplo, las diferencias de opinión sobre la manera de disciplinar y premiar a los hijos pueden aumentar la tirantez entre dos personas que ya de por sí tienen dificultades para comunicarse.
 
La solución
 
Planifique regularmente actividades en familia. Las parejas también necesitan apartar tiempo para estar a solas (Amós 3:3). Utilicen bien el tiempo de que disponen después de que los niños se van a la cama. No dejen que la televisión les robe tan valiosos momentos. Mantengan vivo el romanticismo expresándose cariño constantemente (Proverbios 25:11; El Cantar de los Cantares 4:7-10). Y en vez de estar siempre “señalando faltas”, busquen a diario maneras de alabar a su cónyuge (Salmo 103:9, 10; Proverbios 31:28).
 
Dígales a sus hijos que los ama. Jehová dio el ejemplo al expresar abiertamente el cariño que sentía por su Hijo, Jesús (Mateo 3:17; 17:5). Fleck, un padre de Austria, dice: “He aprendido que los hijos son un tanto como las flores, que buscan el Sol para que les dé luz y calor. Los hijos acuden a sus padres para recibir amor y la confirmación de que son miembros valiosos de la familia”.
 
Sea que tenga cónyuge o que su familia sea monoparental, si enseña a los suyos a amarse mutuamente y a amar a Dios, su vida familiar experimentará una mejora sustancial.
 
Ahora bien, ¿qué dice la Palabra de Dios sobre el modo de ejercer los padres la autoridad?

“El amor es un vínculo perfecto de unión.” (Colosenses 3:14).
 
 
Paso 3
Ejerza su autoridad

 
¿Por qué dar este paso? 
 
Ciertos estudios muestran que “los hijos criados por padres amorosos y que hacen valer su autoridad —aquellos que apoyan a sus hijos y al mismo tiempo establecen límites definidos— sobresalen académicamente, desarrollan mejores habilidades sociales, se sienten satisfechos consigo mismos y son, por regla general, más felices que aquellos cuyos padres son demasiado blandos o excesivamente severos”, informa la revista Parents.

El problema. 
 
Desde la infancia hasta la adolescencia, los hijos desafiarán el derecho que tiene usted a ejercer autoridad sobre ellos. “Los niños aprenden rápido a detectar cuándo temen los padres afirmarse en su autoridad y cuándo puede uno confiar en que se rindan”, escribe John Rosemond en su libro ¡Los padres al poder! Y añade: “Nunca debe caber la duda de a quién le corresponde llevar la batuta. [...] ‘Cuando el padre no manda, el niño se desmanda.’”.

La solución. 
 
No crea que si ejerce su autoridad, sus hijos se alejarán de usted o que anulará por completo su personalidad. Jehová Dios, el Autor de la vida familiar, no se ha propuesto que los hijos tengan voz y voto en la dirección de la familia; todo lo contrario: ha conferido a los padres una posición de autoridad, y manda a los hijos que “sean obedientes a sus padres” (Efesios 3:14, 15; 6:1-4).

Se puede ejercer autoridad sin ser un tirano. ¿Cómo? Siguiendo el ejemplo de Jehová. Él tiene el poder para obligar a sus hijos humanos a hacer su voluntad, y sin embargo, apela a lo bueno que hay en nosotros. “¡Oh, si realmente prestaras atención a mis mandamientos! Entonces tu paz llegaría a ser justamente como un río”, dice su Palabra (Isaías 48:18). Jehová quiere que le obedezcamos por amor, y no por temor morboso (1 Juan 5:3). Es razonable en lo que pide de nosotros y sabe que nos irá bien si seguimos sus normas morales (Salmo 19:7-11).

¿Cómo conseguirá la confianza necesaria para ejercer equilibradamente su autoridad? Primero, tiene que estar convencido de que eso es lo que Dios espera de usted. Y segundo, debe tener la certeza de que cumplir las normas morales de Dios es el mejor camino que usted y sus hijos pueden seguir (Romanos 12:2).

¿Cuál es una manera concreta de ejercer su autoridad?

“Corrige a tu hijo [...]: entonces te dará grandes alegrías.” (Proverbios 29:17, La Nueva Biblia Latinoamérica, 2004)



sábado, 11 de septiembre de 2010

¿Qué es el trastorno de estrés postraumático?




AÑOS atrás solía llamársele “fatiga de combate”, y los estudios realizados se centraban casi siempre en los veteranos de guerra. En la actualidad la situación es muy diferente: no hay que ser soldados para que se nos diagnostique tal enfermedad, sino simplemente supervivientes de un suceso traumático.

Entre los detonantes figuran desde una guerra hasta un accidente automovilístico, pasando por un intento de violación. Un informe del National Center for PTSD (Centro Nacional del Trastorno de Estrés Postraumático) de Estados Unidos lo expresa así: “Para que se emita un diagnóstico de esta índole, la persona tiene que haber sufrido una situación traumática” que haya “puesto en peligro real o potencial su integridad FÍSICA”.

Jane, mencionada en el artículo anterior, relata: “Ahora sé que el terror repentino hace que ciertas hormonas se disparen, lo que ocasiona un estado de hipervigilancia. Los niveles hormonales suelen volver a la normalidad cuando ya no hay peligro, pero se mantienen altos en los que padecen el trastorno”. Aunque el incidente pasó, todo indicaba que el pavor de aquellos momentos se resistía a abandonar la mente de Jane, como un inquilino indeseable que no hace caso de una orden de desahucio.

Si usted ha sufrido un trauma y experimenta secuelas similares, es importante que entienda que no es el único. Linda E. Ledray, autora de un libro sobre los efectos de las violaciones, aclara en él que este desorden “es una reacción frecuente observada en personas normales que han vivido una situación aterradora sobre la que no tenían control”.

Sin embargo, el hecho de que sea frecuente no significa que todos los supervivientes de una tragedia reaccionen así. Ledray señala: “Un estudio realizado en 1992 indicó que, una semana después de ser violadas, el 94% de las víctimas presentaban los síntomas del trastorno de estrés postraumático, y a las doce semanas, el 47%. La mitad de las mujeres atendidas en 1993 en el Sexual Assault Resource Service de Minneapolis [un centro de asesoramiento] sufrían el síndrome un año después de la violación”.

Según tales estadísticas, la enfermedad es mucho más común de lo que imagina la mayoría de la gente y afecta a toda clase de personas que pasan por trances de diversos tipos. Los escritores Alexander C. McFarlane y Lars Weisaeth dicen: “Las últimas investigaciones demuestran que los sucesos traumáticos afectan a menudo tanto a civiles en tiempo de paz como a soldados y víctimas de la guerra, y muchos de ellos desarrollan el mal”. Hasta operaciones quirúrgicas o infartos han sido el desencadenante en algunos casos.

“Se ha convertido en un trastorno común”, dicen los escritores citados, y añaden: “Una encuesta realizada al azar entre 1.245 adolescentes estadounidenses indicó que el 23% había sido víctima de agresiones físicas o sexuales, además de presenciar actos violentos contra otras personas. De estos, a 1 de cada 5 se le diagnosticó el TEPT, lo que pone de manifiesto que cerca de un millón setenta mil jóvenes lo padecen”.

Si los cálculos son exactos, implicaría que existe un sinfín de adolescentes afectados en un solo país. ¿Cómo ayudar a estos jóvenes y a los muchos millones de otras víctimas de todo el mundo?

¿Qué puede hacerse?

Si cree que usted o algún conocido suyo sufre del trastorno de estrés postraumático, le ofrecemos varias sugerencias:

No se retenga de animar al paciente. Si algún ser querido está lidiando con los horribles recuerdos de un suceso traumático, tenga presente que no está reaccionando de forma exagerada ni siendo difícil adrede. El embotamiento emocional, la ansiedad o la ira tal vez impidan que responda a su apoyo como a usted le gustaría. Pero no se dé por vencido, pues la Biblia dice: “Un compañero verdadero ama en todo tiempo, y es un hermano nacido para cuando hay angustia” (Proverbios 17:17).

El paciente ha de reconocer y eludir remedios que causen mayor perjuicio. Entre ellos figuran el uso de drogas ilegales y el abuso de las bebidas alcohólicas. Aunque quizás el alcohol y las drogas aporten cierto alivio transitorio, al poco tiempo empeoran la situación, pues suelen fomentar aislamiento social, rechazo a los que desean ayudar, adicción al trabajo, ataques de ira descontrolados, desequilibrios en la ingestión de alimentos u otras conductas autodestructivas.

Consulte a un médico competente. Quizá no sufra el trastorno de estrés postraumático, pero en caso afirmativo, existen terapias eficaces. Si recibe atención de un profesional, sea sincero con él y pídale asistencia para superar cualquiera de los comportamientos mencionados.

Recuerde: las lesiones físicas son a menudo las primeras en sanar, pero quienes padecen esta enfermedad quizá tengan diferentes clases de heridas físicas, mentales y emocionales. En el próximo artículo se analizará qué más pueden hacer los enfermos en pro de su recuperación y cómo pueden colaborar las personas que los rodean. También se hablará de la esperanza que hay para las víctimas.



Los síntomas del TEPT

Muchas víctimas de sucesos traumáticos los reviven en su mente sin poder, por lo general, controlarlos o evitarlos. Algunos de los síntomas son:

• Reviviscencias: la sensación de que el trauma se repite

• Pesadillas

• Tendencia a sufrir grandes sobresaltos ante un ruido fuerte o cuando alguien se les acerca inesperadamente por la espalda

• Temblores y sudoración

• Palpitaciones y problemas para respirar

• Malestar psicológico intenso cuando algo que ven, oyen, palpan, huelen o gustan les recuerda la situación traumática

• Ansiedad o temor: la sensación de volver a estar en peligro

• Problemas para controlar emociones como la ansiedad, la ira y la irritación, al exponerse a hechos que recuerdan el suceso traumático

• Dificultad para concentrarse o pensar con claridad

• Dificultad para conciliar el sueño o dormir

• Agitación y constante estado de hipervigilancia

• Evasión de estímulos o embotamiento emocional

• Dificultad para sentir amor y emociones intensas

• Sensación de que el entorno es extraño o irreal

• Pérdida de interés en actividades de las que antes se disfrutaba

• Dificultad para recordar aspectos importantes del hecho traumático

• Abstracción de la vida que les rodea

¿Cómo Proteger los dientes de su bebe?



Proteja los delicados dientes de su bebé

¿A QUÉ edad se le empezaron a formar los dientes? Tal vez le sorprenda enterarse de que el proceso comenzó mientras usted todavía estaba en la matriz de su madre, probablemente incluso antes de que ella supiera que estaba embarazada. De ahí la importancia de que la mujer encinta obtenga una cantidad adecuada de nutrientes, entre ellos calcio, fósforo, proteínas y vitaminas.

¿Y una vez nacida la criatura? Según los especialistas, los niños criados con biberón son particularmente vulnerables a la caries, la cual suele comenzar en los incisivos superiores. Pero ¿por qué se les carian los dientes? Algunos bebés suelen dormirse con un biberón de leche, jugo, agua azucarada o refresco en la boca. Estos líquidos fermentables contienen carbohidratos que fomentan la proliferación de las bacterias, las cuales, a su vez, producen ácidos dañinos para los dientes de la criatura, sobre todo si permanecen en la boca durante toda la noche. Algunos casos graves de caries ocasionan la pérdida prematura de los dientes de leche, lo cual perjudica el desarrollo de la dentadura permanente.

¿Qué pueden hacer los padres para proteger los delicados dientes de su bebé? Se recomienda la lactancia materna, en especial porque la leche de la madre es estéril y rica en anticuerpos. No obstante, si se recurre al biberón, los expertos aconsejan dejar de usarlo cuando la criatura tenga dieciocho meses. También insisten en que solo se utilice el biberón para alimentar al bebé, no como chupete. Y en caso de acostarle con un biberón, lo mejor es que contenga agua sola. Además, después de cada comida es conveniente limpiarle los dientes con un paño suave y limpio.

La caries precoz es evitable. Pero se requiere un cuidado dental adecuado, sí, y desde la más tierna infancia.

¿Cómo dejar de fumar?, Consejos Prácticos


Cómo dejar el tabaco?


ABANDONAR el tabaco es como aprender a montar en bicicleta: el primer intento suele fracasar. De modo que si usted ha decidido romper con el vicio, tiene que estar dispuesto a realizar varias tentativas hasta lograrlo. Si tiene una recaída, no la tome como una derrota, sino como parte del aprendizaje, un pequeño retroceso en un programa que puede culminar con éxito. Veamos algunas sugerencias que han surtido efecto en otros casos, y que bien pudieran ayudarle a usted.

Prepárese mentalmente

■ Primero, convénzase de que vale la pena abandonar el tabaco. Enumere las razones, sin olvidar un solo beneficio. Una vez que lo haya dejado, se fortalecerá su resolución si repasa la lista. El mayor motivo para deshabituarse es el deseo de agradar a Dios. La Biblia indica que debemos amarlo con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerzas, algo que resulta imposible si somos adictos al tabaco (Marcos 12:30).

■ Examine sus hábitos diarios para ver cuándo fuma y por qué lo hace. Tal vez le sea útil apuntarlo en un papel. Así podrá prever qué situaciones tentadoras afrontará una vez abandonado el vicio.

Fíjese un día

■ Determine un día para dejar de fumar (preferiblemente cuando no vaya a estar sometido a muchas tensiones exteriores), señálelo en el calendario y, cuando llegue, deje de fumar radicalmente.

■ Antes de esa fecha, deshágase de ceniceros, fósforos y encendedores y limpie toda la ropa que huela a humo.

■ Solicite a sus compañeros de trabajo, amistades y familiares que lo respalden en su lucha. No dude en solicitar que no se consuma tabaco en su presencia.

■ Planee actividades para ese día. Puede ir a lugares donde no se permita fumar, como un museo o un teatro. O hacer ejercicio: nadar, montar en bicicleta o dar una caminata.

El síndrome de abstinencia

Si usted es un fumador empedernido, probablemente pasará por el síndrome de abstinencia, con síntomas que comenzarán a sentirse a las pocas horas y que pueden incluir irritabilidad, impaciencia, hostilidad, ansiedad, depresión, insomnio, desasosiego, aumento del apetito y enormes ganas de fumar. El médico pudiera recetarle fármacos para aliviarle los síntomas. Además, puede adoptar varias medidas que le ayudarán a ganar la batalla.

■ Durante las primeras semanas (las más difíciles) ingiera alimentos bajos en calorías y beba agua en abundancia. A algunos les ha resultado útil llevar tentempiés de hortalizas crudas, como zanahorias o apio. Si hace ejercicio, contrarrestará el aumento de peso y calmará los nervios.

■ Rehúya los lugares y situaciones que le tienten.

■ Luche contra los razonamientos erróneos que pudieran inducirlo a recaer. He aquí algunas ideas habituales durante el síndrome de abstinencia: “Fumaré solo hoy para soportar este mal trago”. “Es mi único vicio.” “No puede ser tan malo como dicen, pues hay fumadores mayores de 90 años.” “De algo hay que morir.” “La vida sin tabaco es un aburrimiento.”

■ Si está a punto de darse por vencido, espere. Con solo aguardar diez minutos, es posible que se le pasen las ganas irrefrenables. A veces se hace insoportable la idea de no volver a fumar nunca. Si se siente así, concéntrese en no hacerlo solo durante ese día.

■ Si desea servir a Dios, pídale que lo asista. Nuestro amoroso Creador puede dar “ayuda al tiempo apropiado” a quienes procuran adaptar su vida a la divina voluntad (Hebreos 4:16). Pero no espere milagros. Tiene que actuar en consonancia con sus oraciones.

No deje de ser ex fumador

■ Aunque los primeros tres meses son los peores, después todavía tendrá que evitar lo más posible a los fumadores y las situaciones que lo tienten a reincidir.

■ No se engañe a sí mismo pensando que puede fumar ocasionalmente, aunque lleve sin hacerlo un año o más.

■ Resista la tentación de encender “solo un cigarrillo”. Con uno quizás baste para que luego vengan otros, y enseguida habrá echado por la borda todo su esfuerzo. Aun si se debilita y reincide una vez, no tiene por qué hacerlo otra. Si recae, vuelva a dejarlo.

Millones de fumadores se han librado del vicio. Con determinación y persistencia, usted también puede lograrlo.